VILMA VIANA

Miss Guárico 1952

¡ Una Mujer a Carta Cabal !

Por Diego Montaldo Pérez

Fotos: Julio Rodríguez


Encontrar a la señora Vilma Viana, Miss Guárico 1952, fue realmente muy fácil. Su hermana Marlene Viana fue el puente perfecto para dar con esta mujer venezolana, de 71 años bien cumplidos. Es una fina dama criolla, madre de cinco hijos, abuela de 9 nietos y bisabuela de una niña de pocos meses. Casada dos veces, se dedicó a ser traductora de textos para la Ford Motors de Venezuela y pertenece a la Asociación Venezolana de Traductores.

Vive en un pequeño pero acogedor apartamento en Los Palos Grandes, y desde ese rincón de Caracas ve con preocupación lo que ocurre con el país. Avizora una salida para nuestro país, al cual ella califica como “un gran país, de gente con guáramo”.

Con esta dama tan culta y con un mundo interior grande, conversamos en exclusiva para esta leída página web “bellezavenezolana.net” sobre sus experiencias en el primer concurso Miss Venezuela, el de 1952, donde ella quedó como segunda finalista. Por cierto, la ganadora de esa primera edición fue Sofía Silva Inserri, Miss Bolívar, nativa de Tumeremo, quien fue la primera venezolana en asistir al Miss Universo 1952, en Long Beach, California (USA). He aquí la entrevista con la señora Vilma.

De izquierda a derecha: Miss Guárico 1952, Vilma Viana (2º finalista); Miss Bolívar 1952, Sofía Silva (Miss Venezuela 1952); y Miss Anzoátegui 1952, Ligia De Lima (1º finalista).

-¿Su nombre completísimo cuál es?

-Vilma Elena Viana Acosta, viuda de Itriago.

-¿Su lugar y fecha de nacimiento?

-Calabozo, Estado Guárico, 29 de enero de 1932.

-¿Su estatura?

-1,65 m

-¿Cuánto pesaba en el concurso?

-48 kilos.

-¿Dónde vivía?

-Vivía en la calle La Línea, de La Campiña.

-¿El nombre de sus padres?

-Bruno Viana Castillo, médico, especializado en Medicina Interna y era sanitarista, trabajó mucho tiempo en el Ministerio de Sanidad. Y mi mamá era Celina Acosta de Viana, maestra.

-¿Cuántos hermanos son ustedes?

-Somos tres. El mayor es Hugo Viana Acosta, que es ingeniero y una a la que le llevo diez años que es ingeniero también, Marlene Viana Acosta.

-¿Cómo ingresa al Miss Venezuela 1952?

-Yo estaba estudiando segundo año de Arquitectura, en la Universidad Central de Venezuela, pero la cerraron. Como estaba de vaga, no estaba haciendo nada, entonces el gobernador del Guárico, que en esa época era Rafael Enrique Garroni, me conocía, le habían dicho que yo podía participar y acepté. Claro, al principio mi padre puso objeciones, porque preguntaba qué cómo era eso, porque era una cosa nueva. Pero mi mamá me apoyó y me dijo “si hombre, como no, qué importa, participa”. Total que entré en el concurso, pero te diré que fue muy corto.

-Duró apenas una semana...

-¡Nada! Pasó volando, pero a mí me llamaron del Guárico, y me dijeron que fuera porque me iban a proclamar Miss Guárico, aprovechando una visita a San Juan de los Morros de los miembros de la junta de gobierno: Pérez Jiménez, Llovera Páez y Suárez Flamerich. Total que allá me proclamaron como Miss Guárico, y bailé con Pérez Jiménez y bailé con Llovera Páez (risas). En esa época de Pérez Jiménez todo era grandioso, esas fiestas eran fabulosas.

-¿Qué más estudiaba?

-Francés y piano. Mis hobbies eran montar a caballo y tocaba cuatro con bastante facilidad, ya no toco nada. Nosotros siempre íbamos en vacaciones a los hatos de Calabozo.

-¿Desde qué edad vive en Caracas?

-¡Uff! Desde los cinco o seis años. Bueno, he vivido no solamente en Caracas, sino también en otras ciudades. Pero siempre hemos tenido familia allá y queríamos mucho a nuestro terruño, y siempre íbamos. Incluso allá hay una escuela que lleva el nombre de mi madre, Celina Acosta de Viana.

-¿Qué día fue su proclamación como Miss Guárico 1952?

-Fue unos días antes de la final del Miss Venezuela, en la “Casa Amarilla”, que es la casa de gobierno del estado Guárico, en San Juan de los Morros.

-¿Y le dieron algún premio en metálico?

-No, ¡nada! Inclusive, después del concurso, me dijeron: “Todos los gastos corren por cuenta de la gobernación”. En septiembre de ese año yo me fui a estudiar a Estados Unidos, y poco antes de irme yo envié todas las facturas al Guárico y nunca me pagaron (risas). Mi papá me dijo: “Yo no voy a estar llamando ni nada. Si ellos no tienen la decencia de cumplir con lo que ofrecieron, pues eso se quedará así”.

-¿Es cierto que a las candidatas las alojaron en el hotel Potomac, en San Bernardino?

-¡A las que venían del interior! A las que vivían en Caracas no. Cuando el concurso yo vivía en San Bernardino, en la avenida Vollmer, en la quinta “Trina”. ¡Ay! Es que se me había olvidado hasta eso. A ver... estoy medio enredada. No, así es el cuento: yo vivía en La Campiña, pero tenía unos familiares en San Bernardino y me quedé ahí, porque me quedaba más cerca del Potomac.

-¿Y el concurso duró sólo siete días?

-Sí, en realidad fue muy corto. Hubo un desfile en el Círculo Militar, donde estuvo presente la Junta de Gobierno. Las muchachas desfilamos en traje de calle. También hubo un solo desfile en traje de baño, pero fue privado, para el jurado.

-¿En aquella época el concurso se reducía a varios cocteles y presentaciones de las muchachas?

-Sí, exacto.

-¿No había ni gimnasio ni entrenamientos?

-No niño, nada de eso, ni maquillajes tampoco. Uno solo se arreglaba.

-¿Qué recuerda de Carmen Yolanda Luongo, Miss Monagas, la joven que fue secuestrada por las monjas del colegio Santa Rosa de Lima para que no participara en el concurso?

-¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Sí, yo recuerdo muy bien ese episodio, porque yo la conocía. Yo también estudié en ese colegio, pero no aguanté sino cuatro meses, porque esas monjas eran lo más retrógradas que existían. Pero Carmen Yolanda sí estudió todo su bachillerato ahí, y las monjas cuando se enteraron que ella estaba en el concurso le dijeron que eso era pecaminoso, que no podía participar, y la muy boba se salió. Ella ni siquiera fue a los desfiles ni a nada de eso.

-¿Pero el cuento es que las monjas la secuestraron?

-No sé hasta qué punto es cierto lo del secuestro... bueno, es probable, porque ella estaba interna, si es posible que no la hayan dejado salir. Yo tuve un episodio con el padre José Francisco Hernández, el de San José, que era muy famoso, uno altote él, que murió hace pocos años. Como yo había vivido en San Bernardino, yo era hija de María de la parroquia San José. Después del concurso, el cura éste resolvió expulsarme de “Las hijas de María”, y por carta me pidió que le devolviera la medalla que me definía como tal. El mal que yo había hecho era haber desfilado en traje de baño para el jurado, ¡imagínate tú!, estamos hablando de los trajes de baño de aquella época. Ni siquiera fotos nos dejaron tomar con esa prenda. La única que salió en traje de baño fue Sofía (Silva), antes de ir a Long Beach. Entonces mi papá le contestó una carta diciéndole que si “Las hijas de María” no se bañaban en la playa, porque uno en la playa tiene que ponerse traje de baño. Y yo además le contesté que me podía botar y todo, pero que la medalla no se la devolvía, porque yo había pagado 20 bolívares (risas), que era un realero para la época y que era mía. Entonces, muchas de las hijas de María se salieron, porque ese fue un reclamo absurdo de ese cura. Él era una cura pero no era un santo. A mí me molestó muchísimo eso.

Otra cosa cómica que me pasó durante el concurso, es que todos los días me llegaba un ramo de flores a mi casa, de un admirador desconocido, con unas palabras bellísimas. Bueno, pasó el concurso y vinieron a las dos semanas de la floristería a cobrar los ramos (carcajadas). El admirador había dado una dirección que no existía, cuando le fueron a cobrar se dieron cuenta de eso. Entonces la gente de la floristería pensó que yo conocía al tipo, yo no supe nunca quién era. Me imaginaba que era uno de esos metiches que siempre estaba en los eventos del concurso, uno de esos fisgones, pero nunca tuve la certeza de que hubiera sido él. Total que bueno, ¡la floristería perdió sus reales!, porque yo les dije: “Yo no tengo por qué pagar esa cuenta”.

-¿Considera que en 1952 ganó la mejor?

-Bueno, Sofía era una mujer muy atractiva, muy imponente. Para los cánones de la época, donde gustaban las mujeres con curvas, ella era la que tenía más curvas. Y Olga Buvat también era muy buenamoza.

-¿Por qué cree usted que llegó a ser segunda finalista?

-No sé –nos dice entrecortada. ¡Debe ser porque le gusté al jurado! –y rompió en una sonora carcajada.

-¿Qué me puede decir de Sofía Silva?

-Ella llegó en el último momento. La primera cita de las candidatas fue en el hotel Potomac, para presentarnos a la prensa y conocer al jurado. Entonces llegó Sofía, como Miss Bolívar.

-¿En el concurso hubo entrevista con el jurado?

-Sí, hubo una entrevista. No me acuerdo si fue en el Valle Arriba o en otro sitio.

-¿Recuerda quiénes estuvieron en el jurado?

-Abelardo Raidi, Ángel Álamo Ibarra, Oscar Cróquer, Aura Marina Colmenares, José Manrique, Flor Isava de Núñez, Olga Tirado de Quintero Muro, Carlos Eduardo Frías y Amable Espina.

-De las candidatas a Miss Venezuela 1952, ¿con quién mantuvo amistad a  lo largo del tiempo?

-Con ninguna. Porque yo me fui del país y no tuve más nunca noticias de alguna en especial.

-¿Qué recuerda de las demás candidatas que participaron con usted?

-Yo más nunca volví a ver a ninguna. A ver... Olga Buvat murió, lamentablemente. A Ligia De Lima no la vi más nunca. Alguien me dijo una vez que vivía en Barcelona. A Yolanda Gil García tampoco. A Nora Rangel tampoco. A Verónica Rodulfo la vi una vez, hace muchos años. Muchas veces vi a Carmen Yolanda, porque estudiábamos juntas. Pero a las demás, más nunca las vi.

-En 1952 la Juventud Católica Femenina publicó varios avisos en la prensa diciendo que era escatológico que las chicas participaran en un evento donde tenían que exhibir sus carnes y eso era inmoral. Cuando salieron todos esos avisos en la prensa, ¿cuál fue la reacción de sus padres?

-Yo la verdad no me acordaba de esos avisos. El concurso fue tan rápido que no hubo tiempo de estar viendo periódicos ni nada, después me enteré que habían sacado esos anuncios. Nadie le paró mucho a eso, yo creo. No sé si otros padres se escandalizarían, a mí lo único que me hicieron fue botarme de “Las Hijas de María”.

-¿Dónde tenía sus oficinas Reinaldo Espinoza Hernández, el organizador del concurso?

-Ay, yo no sé. A mí simplemente me lo presentaron una vez, pero yo no sé dónde tenía la oficina. Él conducía “Fantasías Dominicales”, todos los domingos, era un programa bien bueno en la Radio Nacional.

-Señora Vilma, ¿usted tenía muchos admiradores en aquella época?

-Sí, bastantes, ¡una corte! (risas). Aparte de aquel que me mandaba los ramos de flores, había otros (carcajadas). Pero, como después me fui a estudiar al exterior, me enamoré por allá de un venezolano, entonces los demás se quedaron con las ganas de seguir piropeándome.

-Para esa primera reunión de las candidatas a Miss Venezuela 1952 en el Potomac, ¿quiénes las peinaban y maquillaban?

-No niño, ¡nadie! Uno mismo. Ahí no había nada de maquillaje ni de esas cosas de ahora.

-¿Y el trapo de la noche final?

-Cada quien compró su traje, donde quiso y cómo lo quiso. Y fue comprado hecho, porque no hubo tiempo de hacer nada, porque todo fue muy precipitado.

-¿Y cuánto les cobraron por inscripción?

-Nada. Sólo pagamos los gastos de los trajes y esas cosas.

-¿Y ese año repartieron bandas?

-No, ni bandas, ni regalitos ni reconocimientos de ninguna especie. Solamente nos dieron las gracias por haber participado (risas).

-¿Y a usted la contactaron con cuánto tiempo de anticipación?

-Me llamaron como quince días antes de la final. Eso fue muy precipitado todo. Los actos propios del concurso fueron muy rápidos. Hubo varias fiestas... hubo esa presentación en el Círculo Militar, con traje de calle, como se decía en aquella época. Ahí estuvo presente la Junta de Gobierno. Después hubo una fiesta en Los Cortijos, con trajes típicos. Después se dio la fiesta de coronación, que fue en el Valle Arriba. Y después fue la proclamación popular, en el estadio de béisbol, de la Ciudad Universitaria, eso existía ya, estaba nuevo. Yo estudiaba en la Central, en esa época no había sino la escuela de Ingeniería y en esa misma escuela estaba la escuela de Arquitectura. Pero cerraron la universidad.

Vilma Viana luciendo un traje típico venezolano en un acto en la Universidad en Oklahoma.

-¿Y después continuó la carrera?

-No, no continué. El mismo año del concurso, en septiembre, me fui a estudiar a Estados Unidos, a Oklahoma, a continuar Arquitectura. Estudié un año allá, claro, tuve que prácticamente empezar, porque el sistema era diferentísimo. Yo sabía algo de inglés, porque pequeña viví en Michigan, porque mi papá era médico e hizo su postgrado en aquel estado y pasamos dos años allá. Y algo me quedó de muchacha. Y lo que hice fue enamorarme, casarme y no terminar la carrera.

-¿Cómo se llamó su esposo?

-Carlos Ignacio Pérez Mibelli fue mi primer esposo. Es arquitecto y vive, en enero le celebramos su cumpleaños con las hijas que vinieron de California, yo no le guardo rencor ni resentimiento en lo absoluto. El se casó dos veces más y en total tiene 9 hijos, entonces hubo una reunión con sus 9 hijos y yo asistí a la fiesta sin problema alguno.

-¿En qué fecha se casó?

-El 2 de enero de 1954, aquí en Caracas, en la iglesia de El Recreo y enseguida me fui para Estados Unidos. El matrimonio civil fue en la jefatura de El Recreo, el 28 de diciembre de 1953, el día de los inocentes. La gente me decía “tu marido te agarró por inocente” (risas).

-¿Con su primer esposo cuánto tiempo estuvo casada?

-Diez años. Le eché pichón a la vida con mis muchachos, y mi padre me ayudó mucho, pero mi madre murió muy joven, de 51 años. Viví con mi padre hasta poco tiempo antes de morirse, porque me volví a casar.

-¿Cuántos hijos tiene?

-Tengo cinco hijos, nueve nietos y una bisnieta, soy bisabuela –nos dice llena de orgullo. Mis hijos son: María Elena, María Eugenia y María Cristina, Carlos Ignacio y Carlos Eduardo. Todos son del primer matrimonio. En mi segundo matrimonio estuve muy poco tiempo casada, con David Itriago, que por casualidades de la vida había sido gobernador del Guárico en la época de Caldera, y lamentablemente murió muy joven, a los 57 años, de un infarto. No duramos ni un año casados. Nosotros nos casamos en diciembre de 1977 y él murió en agosto de 1978. Después de eso he estado sola. No me volví a casar, no porque tenga algo contra el matrimonio, simplemente no apareció una persona ideal.

-¿Nos podría decir el nombre completo, el lugar y fecha de nacimiento de sus cinco hijos?

-Sí, como no. María Elena Pérez Viana nació en Oklahoma City, Oklahoma (USA), el 25 de noviembre de 1954. María Eugenia Pérez Viana nació también en Oklahoma City, Oklahoma (USA), el 25 de enero de 1956. Carlos Ignacio Pérez Viana nació en el Centro Médico de San Bernardino, Caracas, el 9 de octubre de 1958, María Cristina Pérez Viana de Rodríguez, nació en el Centro Médico de San Bernardino, Caracas, el 18 de noviembre de 1960 y Carlos Eduardo Pérez Viana nació en el Centro Médico de San Bernardino, Caracas, el 4 de enero de 1963.

-¿A qué se dedica cada uno de ellos?

-María Elena y María Eugenia viven en Oakland, California. La primera trabaja en un maternal y la otra trabaja en una oficina de Servicios Sociales. Una tiene 13 años y la otra 7 años en Estados Unidos. María Cristina estudió en Estados Unidos, se graduó de administradora pero no ha ejercido mucho porque tiene 4 muchachos. Vive en Maturín. Carlos Ignacio es Ingeniero Mecánico. Tiene una finca en Caruao, de cabras y fabrica quesos de cabras. Son muy famosos son quesos. Primero su papá comenzó con ese negocio y luego él siguió con eso. Pero ahora está volviendo a la ingeniería, porque la cosa está difícil. El menor estudió Computación en Estados Unidos, y ahora está metido en un negocio de café, rebuscándose.

-Hábleme de los nietos...

-Tengo siete nietos varones y dos nietas hembras, que fue la que me hizo bisabuela ahora, ella vive en California. Tengo un nieto de 26 años, que es ingeniero. Y tengo una nietecita que tiene dos años. Mis hijas todas se casaron muy jóvenes, una tuvo tres varones, otra tuvo cuatro varones.

-¿Y el nombre de los nietos?

-Voy a empezar por el mayor: Armando, Alejandro, Alexandra, Juan Andrés, Andrés Eduardo, José Ignacio, José Manuel, Julio César, Carmela, que es la menor y la bisnieta se llama Elia Luna, tiene tres meses.

-¿Y sus hijos y sus nietos no le preguntan del Miss Venezuela?

-Sí, bueno, a veces me preguntan. Yo estoy por escribir mis memorias. Yo tengo varias amigas que me dicen “escribe la historia de tu vida”. ¡Ah! éste no fue mi único reinado, entre paréntesis.

-¿Cuál fue su primer reinado?

-En el Colegio Católico Venezolano, ahí fui Reina de Carnaval 1948. Por cierto, yo cumplí 16 años el día que me coronaron. En esa época había reinas de carnaval en muchos sitios, en los clubes, en los colegios, en todos lados. Mis damas de honor fueron: Carmencita Oliver, Martha Mayz, Icleína Camarillo, por cierto murió ya, y Beatriz Meza. Beatriz Meza fue la reina del año siguiente.

-¿Y dónde quedaba ese colegio?

-Quedaba de Truco a Balconcito, número 93, que no existe ya, porque eso se lo llevó la Avenida Baralt. A mí me coronó Ismenia Villalba, la reina de Carnaval de 1946, del mismo colegio. La reina de 1947, Marisol Domínguez, se escapó del colegio y se casó escondida de su casa, entonces eso fue un escándalo en aquella época. Entonces, por supuesto no la podían llamar a que viniera al colegio a coronar a la nueva reina. Fue por eso que se comunicaron con Ismenia, que ya no estaba en el colegio, y ella fue la que accedió a coronarme. La directora del colegio era Misia Lola Gondelles.

-¿Cuántas candidatas participaron?

-Solamente las de bachillerato, había una de cada año, cuatro en total. El quinto año se hacía en los liceos.

-¿Qué decía una de las reseñas de prensa?

-Te leo lo que escribió entonces Pedro J. Díaz, en la columna “La ciudad se divierte”, de la revista “Élite”, Nº 1.165, del 31 de enero de 1948: “Las candidatas lucieron modelitos muy originales y muy modernos, en colores rosado pálido, verde acqua y blanco”. Eso era cómico. El vestido que me hicieron para esa ocasión fue el vestido que sacó Ingrid Bergman en “La luz que agoniza”, un clásico del cine.

-¿Y en qué otro reinado participó?

-Cuando fui a estudiar el quinto año al liceo “Andrés Bello” me presenté como candidata al concurso Reina del Liceo. Quedé de segunda.

-¿Y estuvo en otro concurso?

-Sí, luego fui candidata a “Reina de la Casa Guárico”. Pero fue después de lo del colegio. Esa Casa Guárico quedaba en Los Chorros, luego estuvo en El Paraíso. También fui “Reina de la Primavera del estado Guárico”. Y la gran fiesta fue en el Hotel Ávila.

-¿En cuántos colegios hizo la primaria?

-Tú no me vas a creer, pero yo estudié en 13 colegios en total. Como mi papá era médico y sanitarista, lo cambiaban mucho de ciudad. Yo pequeña viví en Los Teques, luego en Ann Arbor, Michigan (USA), y después regresamos y nos fuimos a San Cristóbal. Después volvimos y nos quedamos en Caracas.

-¿Dónde duró más tiempo fue en el Colegio Católico Venezolano?

-Ahí fue donde estudié más, porque terminé el bachillerato. Había comenzado en el Santa Rosa de Lima, pero no resistía a las monjas y me pasaron al Colegio Católico Venezolano, ahí duré hasta el cuarto año.

-¿Y ahí qué pasó, se graduó de bachiller?

-No, no, uno iba a hacer el quinto año al liceo “Andrés Bello”. Yo hice Física y Matemática, porque yo originalmente quería estudiar Ingeniería, pero luego me decidí por Arquitectura, que me pareció una carrera más bonita.

-¿El “Andrés Bello” siempre quedó ahí en la avenida Universidad?

-Sí, ahí ha estado por más de 50 años.

-¿Pero usted no era tirapiedras en aquella época?

-No, ¡para nada! (risas). Ni habían esas cosas en aquella época. Eran los tiempos de Pérez Jiménez, había represión, pero uno vivía tranquilo. Yo añoro esa época.

-A eso iba, ¿qué añora usted de la década de los 50?

-Añoro la seguridad primeramente, uno dormía con las puertas abiertas, dejaba los carros abiertos, uno caminaba a la hora que fuera en la calle. Añoro la cordialidad y la educación de la gente. Hoy en día estás en un sitio, te pasan por encima y nadie te pide permiso, perdón ni nada. Y también añoro la prosperidad del país, porque en aquella época había plata aquí en Venezuela. Si tu no estabas conspirando contra Pérez Jiménez podías vivir tranquilo y nadie se metía contigo. Yo entiendo que los adecos odiaran a Pérez Jiménez y pasaron las de Caín, muchos fueron encarcelados y expatriados pero, fuera de eso, si no te metías con el régimen, todo estaba bien. Esa es la verdad, por eso es que mucha gente añora a Pérez Jiménez. Esa fue una época de oro en Venezuela.

-¿Y a usted le propusieron entrar en televisión, porque ese año se fundó la primera televisora del país?

-Bueno sí, la televisión empezó precisamente en 1952. Cuando yo regresé de Estados Unidos en 1953 había televisión. Pero nunca me propusieron, porque tampoco tengo pasta para eso.

-¿Y la llamaron para hacer cuñas publicitarias?

-Bueno, para publicidad a veces me llamaron, porque luego que me divorcié yo trabajé muchos años para la Ford Motors de Venezuela, y al lado de mi oficina estaba la “Walter Thompson”, en el edificio Maraven, en Chuao, ahí donde está la Plaza de la Meritocracia. El presidente de Walter Thompson era Lee Preschel y siempre me decía “tienes que salir en una cuña”. Pero nunca me entusiasmé mucho la verdad, no me atraía mucho ese medio.

-Entonces, ¿fue poco farandulera?

-Sí, fui poco farandulera (risas).

-¿La han mencionado en alguna crónica años después del concurso?

-Oscar Yanes publicó en su libro “Del Trocadero al Pasapoga”, un capítulo referente a las mujeres buenas. Yo leí el libro y a mí no me mencionó, dijo “Miss Guárico 1952”, pero no me nombró, habló de las demás. Un día estaba en un programa de radio, y mi hermana Marlene me llamó y me dijo “mira, escucha a Oscar Yanes en la radio, díle que no te puso en su libro”. Yo llamé y él me atendió, le dije: “Yo estaba leyendo en su libro que usted menciona a varias de las misses, pero a mí no me menciona”. Oscar dijo que ese error había que corregirlo en la próxima edición del libro, y me preguntó varias cosas. A los 5 minutos dijo en el programa de radio: “Aquí me acaba de llamar una de las mujeres buenas, de los años 50, se llama Vilma Viana” (risas). Yo dije: “Ay, este loco, qué cómico es!”.

-De las ganadoras del título de Miss Venezuela, ¿cuál cree usted que es la más bella?

-A mí me parece que Desirée Facchinei Rolando es una de las misses más lindas que ha habido, porque de cara y de cuerpo era muy completa. Porque después, te digo francamente, de estas últimas misses todas son prefabricadas, les operan de todo, además las han uniformado mucho, en los concursos todas son igualitas, los cuerpos igualitos, los maquillajes igualitos.

-¿Está en contra de las cirugías?

-No estoy en contra de nada, porque los tiempos cambian y todo, pero antes eran más auténticas. No me parece justo, la belleza no es auténtica. Yo entiendo que las pongan a dieta, que hagan ejercicios, eso está perfecto, pero eso de hacerle cirugías, ponerles más busto y operarles la nariz, eso me parece horrible. No se está eligiendo a la más bella sino a la que le quedó más bella la cirugía (risas).

-A su juicio, ¿por qué antes las venezolanas no clasificaban en los concursos internacionales?

-No clasificaban al principio, porque había mujeres muy bellas de otras partes también. También había poca preparación en Venezuela para las candidatas. Después de tantas Miss Universo y Miss Mundo que hemos tenido nos hemos hecho famosas en el mundo.

Vilma Viana con sus entrevistadores, Diego Montaldo Pérez y Julio Rodríguez

-¿Y Susana Duijm qué representó en aquella época?

-Susana fue una de las misses más bellas, era una mujer estilizada y todavía se conserva muy bien. Y era alta también, porque nosotras aquí no éramos tan altas. Yo recuerdo una vez una muchacha de una peluquería donde yo iba, se enteró que yo había sido miss y me dijo: “Ay, no sé cómo usted fue miss, porque usted es chiquita más bien” y yo le respondí que en aquella época no se estilaban las mujeres altas.

-¿E Irene Sáez qué tal le pareció?

-De cara preciosa, Irene siempre ha sido linda. Quizás un poco rellenita para los cánones de entonces.

-De las Miss Universo que ha tenido Venezuela: Maritza Sayalero, Irene Sáez, Bárbara Palacios y Alicia Machado. ¿A cuál prefiere?

-A mí siempre me gustó Irene Sáez, de cara me pareció muy linda y después Bárbara Palacios. Alicia Machado no me pareció tan linda, lo único que tiene es mucha personalidad, pero no es una belleza. Maritza Sayalero no me pareció tan excepcional.

-De las cinco Miss Mundo que ha tenido Venezuela: Susana Duijm, Pilín León, Astrid Carolina Herrera, Ninibeth Leal y Jacqueline Aguilera. ¿A cuál elige?

-Prefiero a Susana Duijm en primer lugar, y a la Aguilera luego, ella también me gustó.

-Dicen que Yolanda Leal tuvo un impacto muy grande cuando fue Reina de la VII Serie Mundial de Béisbol Amateur 1944. ¿Efectivamente lo fue?

-Sí, claro que sí. Y eso fue una lucha, porque estaba Oly Clemente y Yolanda Leal. Y decían: “Oly Clemente para la gente decente y Yolanda Leal para la gente vulgar”. Fue un slogan muy feo realmente. Yolanda era una muchacha humilde, era más adecuada al deporte nacional que era el béisbol, más que la otra. Al final ganó la gente vulgar (risas). Yo tenía una pelota firmada por todos los campeones de la Serie Mundial, pero entre tanto trajinar entre Estados Unidos y Venezuela perdí muchas cosas, entre ellas esa pelota. Tenía la rúbrica de Guillermo Vento y Benito Arredondo, entre otros. El recibimiento a los peloteros fue apoteósico, yo recuerdo cuando regresaron de Cuba, estaba la gente en el estadio de El Paraíso y cuando divisaron la caravana de los triunfadores en la bajada del Atlántico comenzó la algarabía (risas). El homenaje fue hermoso, aquella fue una época muy bella.

-¿Qué sintió usted al bailar con Pérez Jiménez?

-Me sentí medio temerosa más bien, y él era muy seco, no sé qué sería lo que bailamos: un vals o un pasodoble. Llovera Páez si era muy bonchón y echador de bromas. Suárez Flamerich, en cambio, era un señor serísimo, y era más viejo que estos otros. Aquello era dictadura y todo lo demás y la gente que padeció yo entiendo que tengan sus resentimientos, pero fue una época de oro. No había ni odio, ni resentimientos, ni enfrentamientos ni nada de estos horrores que estamos viviendo ahora.

-¿Y ha ido a las marchas?

-Si he ido a unas cuantas, voy al pedazo que alcanzo, porque ya yo no estoy para estar pegándome esas marchas. Y a la Plaza Altamira voy mucho, porque está cerquita, y a los eventos que ha habido en el Distribuidor Altamira he ido también.

-¿Usted es traductora?

-Sí, yo me dediqué a la traducción, porque como viví todos esos años en Estados Unidos, y como trabajé en la Ford Motors de Venezuela siempre que había algo en inglés que traducir yo lo hacía. Le fui agarrando gusto a la traducción, primero como autodidacta. Luego estudié en un núcleo de Estudios Lingüísticos y Sociales, estuvo primero en la Simón Bolívar, luego se mudaron al Parque Central. Me metí a estudiar Traducción Simultánea, pero eso es muy difícil, tienes que empezar eso desde muy joven, para ir acondicionando la mente. Lo mío es traducción escrita, pertenezco a la Asociación Venezolana de Traductores. Hay traductores de todos los idiomas: francés, inglés, ¡hasta de árabe! Nunca nos dieron un número ni un carnet.

-A su juicio, ¿Venezuela tiene salida en estos momentos?

-Es difícil, pero sí tiene, porque los venezolanos tenemos mucho guáramo, esa es la palabra. Tenemos mucha fuerza y tenemos que sacar a este país de este hoyo donde está. Y hay que hacerlo con todo entusiasmo y con todo optimismo, sobre todo por nuestros hijos y las futuras generaciones –nos afirma con mucho aplomo.

-¿Usted ve líderes en este país que puedan sacar adelante a Venezuela?

-Tú sabes que ese es uno de los problemas que yo veo. Hay muchos pseudo líderes, pero no hay una figura realmente fuerte y única, que sea la cabeza. Se necesita alguien que aglutine todas esas fuerzas y que a la vez tenga carisma y poder de dominar a todos los demás. Y yo a ese personaje no lo veo, honradamente.

-¿Usted está clara que no hay mal que dure cien años?

-Por supuesto. Es que este mal no puede durar muchos meses más, porque o sino esto se va a hundir. Esto es algo terrible lo que nos ha pasado. Ayer habló un economista y yo quedé con los pelos de punta, con el panorama tan sombrío que pintó para lo que viene ahora y en los próximos meses. Si no pasa algo, yo no sé que iremos a hacer... por lo pronto mis hijas que vinieron ahora, quieren que me vaya para California, a Oakland donde viven. Yo he estado allá en dos ocasiones. California es muy lindo y todo, a mí me gusta pasear y pasar una temporada allá pero vivir completamente no, y muchos menos a estas alturas de mi vida, porque yo tengo mi vida aquí, tengo mis amistades, mi familia, mis afectos y todo lo que tiene sentido para uno está en Venezuela, porque yo he vivido toda mi vida aquí. Es difícil crear otra vida en otro país, si tuviera 20 años todavía, pero ni siquiera porque a esa edad yo vivía en Estados Unidos y soñaba con volver. Venezuela es un gran país, esta es una nación maravillosa, es el mejor país del mundo, fíjate la cantidad de extranjeros que han hecho su hogar aquí en Venezuela. Uno en otro país se siente siempre extranjero. Yo me siento bien aquí.

-¿Y qué es lo que extraña cuando viene de viajes?

-Extraño todas estas cosas: el Ávila, la gente y el desorden. En Estados Unidos todo es tan mecanizado que tú no tienes retos, no tienes que inventar mucho ni usar mucho la cabeza, para abrir una caja te dicen “ponga el dedo aquí”. La vida tan robotizada no me gusta, prefiero el desorden de Venezuela. Hasta mi hija cuando viene de visita me dice: “Aquí me siento bien, con este zaperoco venezolano, donde todo el mundo grita”.

-¿Todavía tiene conocidos en Calabozo?

-Sí, todavía quedan. Calabozo es una ciudad de la cual se fue casi toda la gente oriunda de allá, ahora hay mucha gente que me dice “soy de Calabozo”, pero yo no las conozco, porque las familias originarias de allá uno sabía quiénes eran. Calabozo decayó mucho a finales de los 40. Hubo unas compañías petroleras que estuvieron explorando, pero luego eso lo dejaron así porque eso era de la Faja del Orinoco. Entonces todo el mundo se salió. Vino entonces la represa del Guárico, cuando Pérez Jiménez, y resurgió y fue gente de otros lados. Casi toda la gente que vive ahora en Calabozo no es oriunda de allá. Queda muy poca gente nativa del lugar. Esa era la capital del Guárico, pero Gómez mudó la capital a San Juan de los Morros, que es un pedazo de pueblo.

-¿Y usted ha ido recientemente a Calabozo?

-La última vez fue en 1998, sólo tengo algunos primos allá. Eso está muy feo, porque lo bonito de Calabozo es que era una ciudad colonial, como Coro, y eso no lo supieron mantener. Tumbaron esas casas bellísimas, con aquellos patios y aquellos corredores e hicieron edificios, y aquello es una mescolanza horrorosa. Y no he vuelto más.

-¿Es verdad que su familia tuvo vínculo con el doctor José Gregorio Hernández?

-Sí, efectivamente, mi padre lo tuvo. En la época de la peste que dio aquí en Caracas en 1918 mi padre cayó enfermo con este mal, y José Gregorio fue quien lo curó. Y él le tenía un agradecimiento enorme al doctor Hernández.

-¿Quién es Vilma Viana?

-La que están viendo aquí, con todo ese curriculum que les he contado... me defino como una mujer feliz, he tenido muchas bendiciones y gratificaciones en la vida. Me siento una mujer completa y con deseos de seguir viviendo y seguir disfrutando la vida. Soy positiva todo el tiempo, emprendedora, versátil, humilde y sencilla. Mis hijos dicen que soy terca, porque en cierta forma uno tiene que defender en lo que uno cree. Cuando uno tiene sus conceptos e ideas definidas uno tiene que defenderlas. Fíjate yo vivo muy sencillamente, yo nunca he ambicionado lujos, riquezas ni nada de eso. ¡Esa soy yo! –dijo esta dama, para concluir la “interviú”.§